17:12h. Lunes, 22 de Mayo de 2017

Tras el triunfo del No gobierno y las FARC renegociarán acuerdos de paz

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El presidente Juan Manuel Santos expresó que convocará a todas las fuerzas políticas para escucharlas y abrir espacios de diálogo

Colombia rechazó los términos actuales del acuerdo de paz. El No se impuso con 50,23% de los votos (6.426.615) ante el Sí, que fue respaldado por 49,76% de los ciudadanos de ese país (6.365.838).

Juan Manuel Santos aceptó el resultado y dijo que garantizaba la estabilidad de la nación: "El cese al fuego bilateral y definitivo sigue vigente y seguirá vigente. Todos quieren la paz, convocaré a todas las fuerzas políticas para escucharlas y abrir espacios de diálogo. Siempre he creído en el sabio consejo de buscar oportunidades en cualquier situación. Es ahora más importante buscar la unidad. He dado instrucciones al Alto Comisionado de Paz y al jefe negociador de que viajen a La Habana y decidir cuál es el camino para que la paz que todos queremos sea fortalecida. No me rendiré hasta el último minuto de mi mandato para buscar la paz".

Timochenko, en su primera declaración tras conocerse los resultados del plebiscito, dijo: "Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia lamentan profundamente que el poder destructivo de los que siembran odio y rencor haya influido en la opinión de la población colombiana".

"Queremos contribuir a un acuerdo nacional. Que oigannuestras razones. Los que votaron Sí nos escucharán, pedimos lo mismo del gobierno, que se haga un alivio judicial que no constituya impunidad. Construyamos la paz en la solidez de la libertad", declaró el ex presidente Álvaro Uribe.

El diario El Tiempo de Bogotá señaló que quienes promovían el No han reiterado que no es necesario echar por la borda los cuatro años de negociaciones en La Habana, sino que se deben renegociar los acuerdos. Lo que hay, destacó, es incertidumbre sobre lo que puede pasar ahora.

"No significa que eso tenga que dar al traste con el proceso, porque la paz como derecho no puede llevarnos a tomar esa decisión de seguir con una guerra tan dolorosa", declaró a ese medio Carlos Antonio Lozada, uno de los negociadores de las FARC.

El ex presidente Andrés Pastrana señaló en una entrevista en CNN en Español que había ganado el pueblo de Colombia. "No era un buen acuerdo, le envían un mensaje a Santos y a Timochenko de que no es un acuerdo de paz. No es el triunfo de la guerra. Queremos paz, una buena paz, de Estado y duradera", dijo.

Criticó que solo convocó a ese acuerdo el presidente Santos y que no estaba enmarcado en la Constitución y la ley. El ex mandatario agregó que era necesario volver a sentarse para renegociar los términos de lo firmado en Cartagena, en especial lo referido a la justicia. Rechazó que en los tribunales para juzgar los crímenes de la guerra la mitad del jurado sea de las FARC, cuando en Colombia hay instituciones judiciales que funcionan.

"La Constitución señala que el primer deber del presidente es buscar la paz, por lo que se puede renegociar la paz", expresó Pastrana.

Jorge Restrepo, director del centro de análisis Cerac, afirmó a la agencia AFP que ganó el odio a las FARC. "Quedamos sumidos en una profunda crisis política y con unas consecuencias económicas muy negativas", declaró. "Ahora son las FARC las que decidirán si siguen con el desarme, la reintegración y el cese el fuego bilateral", dijo en alusión al proceso iniciado con supervisión de las Naciones Unidas en cumplimiento de lo establecido en el marco del acuerdo ya sellado.

De acuerdo con AFP, el gobierno de Colombia afirmó que no tenía un plan B si los ciudadanos votaban por el No a la pregunta: "¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?". Los últimos sondeos daban ganador al Sí, con 20% de adhesiones frente al No, firmemente apoyado por el ex presidente Álvaro Uribe.

Según el diario El Tiempo, los grandes ganadores tras la victoria del No en el plebiscito son los factores cercanos al ex presidente Álvaro Uribe. Su partido Centro Democrático aparece con mayor sintonía ante la opinión pública para las elecciones presidenciales de 2018. Precisamente, es el ex gobernante junto con el ex procurador Alejandro Ordóñez los que se cree deben renegociar los acuerdos de paz de La Habana.

También dijo que gana el ELN porque se dice que los guerrilleros están a punto de establecer una mesa pública de negociación con el gobierno. Su margen de maniobra, afirmó, se ampliaría si llegan a sellar una alianza con las FARC.

"Finalmente, gana la industria bélica y la seguridad nacional. La continuación de la guerra le da la tranquilidad a las Fuerzas Armadas de que seguirán siendo las más numerosas del continente", concluyóEl Tiempo.

Bomba. En el departamento del Guaviare estalló un explosivo en un centro electoral, que no causó heridos ni daños. El ataque se le adjudicó al Frente Primero de las FARC, que se declaró disidente y realizó una agresión en la misma zona hace menos de un mes.

Cifra

64,13% de los colombianos que votaron en Venezuela (9.903 personas) apoyaron la opción del Sí, mientras que 35,86% (5.539 ciudadanos) respaldaron el No.

http://www.el-nacional.com/mundo/triunfo-gobierno-FARC-renegociaran-acuerdos_0_932306936.html

 

Quién tiene la última palabra

MIGUEL HENRIQUE OTERO

Las fuerzas democráticas venezolanas, cuyo crecimiento es una realidad incontestable, tienen ahora mismo una doble obligación: por una parte, les corresponde continuar con la presión para que el referéndum revocatorio se realice en la fecha más inmediata posible; por la otra, están llamados a realizar una revisión a fondo de los posibles escenarios y definir, así, cuáles serían las principales respuestas en cada uno de ellos. Cierto es que las realidades pueden resultar sorpresivas. Pero de eso trata justamente el desafío: de visualizar cuáles podrían ser los próximos pasos de esa maquinaria de liquidación del futuro de Venezuela, que es el gobierno de Nicolás Maduro.

Quienes sostenemos la posición de que Maduro debe irse de inmediato, somos parte de una paradoja, cada vez más abultada: mientras más numerosa es nuestra posición, mientras más crece el repudio de la sociedad a Maduro y a su séquito, mientras más evidente e inequívoco es el deseo de un cambio en la conducción del país, la minoría repudiada, la oligarquía facinerosa y represiva que se ha apropiado de las instituciones del país, más se atrinchera en su ciego proyecto de destrucción, más persigue a los dirigentes sociales y políticos que protestan, más sorda, embrutecida e insensible se muestra ante los sufrimientos de las familias venezolanas.

Lo que hemos visto a lo largo de 2015 y 2016, especialmente en los últimos meses, es un régimen dispuesto a todo. El “dispuesto a todo” al que me refiero no es otra cosa que continuar con la destrucción de Venezuela. Y es aquí donde parece prudente introducir un paréntesis para recordar, de forma particular al equipo de los negociadores, que la crisis venezolana no puede describirse como la lucha por el poder entre dos facciones rivales. Se trata de otra situación, esencialmente distinta.

En primer lugar, para los demócratas venezolanos, se trata de una carrera por la supervivencia. En las últimas semanas, la persecución ha arreciado. Se persigue sin rubor, sin razón, sin disimulos. Se allanan viviendas, se detienen a dirigentes políticos y sociales sin fundamento alguno, se fabrican acusaciones, se los traslada de una cárcel a otra sin justificación, se les tortura física y psicológicamente. Esto significa, ni más ni menos, que la de los demócratas es una lucha con inmensas desventajas. A diario la dirigencia opositora debe enfrentar esta realidad: que quienes mandan en los tribunales, en los cuarteles, en el CNE, en la Fiscalía y en la Defensoría del Pueblo dependen de las órdenes de Miraflores. En otras palabras, Venezuela es un país sin árbitros. Un país de ciudadanos a la intemperie.

La otra consideración fundamental, es que la nuestra no es una lucha entre dos sectores políticos. Solo una descarada miopía hace posible que se hable así de lo que ocurre en nuestro país. La dolorosa constatación de los hechos demuestra que se trata del aplastamiento de la inmensa mayoría de personas y familias por parte de una oligarquía ladrona, ilegítima y violenta. La Venezuela de hoy es de resistentes, de gente admirable que no se rinde y que no abandonará sus propósitos de construir una nueva democracia.

Pero hay algo más, más extendido y duradero: los demócratas luchamos para detener la destrucción de Venezuela y dar inicio a una etapa de reconstrucción. Hay que repetirlo, gritarlo, explicarlo en todos los lugares donde ello sea necesario: Maduro y sus oligarcas están demoliendo el país. Han destruido, y continúan en ello, la estructura productiva, el sistema educativo, las redes de salud, la infraestructura, la industria petrolera, el sentido de las instituciones, la meritocracia y todo aquello que puede servir de criterio para la convivencia. El programa de destrucción emprendido no solo es material, sino también simbólico. Lo que está en juego, ahora mismo, es el futuro, el destino de Venezuela.

Y es en este punto donde vuelvo al comienzo de este artículo: hay que proyectar y prepararse para posibles escenarios de mayor destrucción. De negación radical de nuestros derechos. De todavía un mayor descaro por parte del CNE. De una más vergonzante actuación de los altos comandos del TSJ y de la FANB en contra de los legítimos intereses de los venezolanos. Es una visión dolorosa, no hay duda de ello. Pero, al mismo tiempo, nadie debe olvidar en esta circunstancia que nuestra fuerza está constituida por más de 90% de la población. Esto quiere decir que, a pesar de todo, tenemos la última palabra.

MIGUEL HENRIQUE OTERO

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