20:15h. Lunes, 26 de Junio de 2017

El diálogo deja más fracturas en la MUD: nadie sabe para quién trabaja

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La unidad de la Mesa de la Unidad Democrática ( MUD) vive uno de sus momentos más difíciles desde que se constituyó esta alianza opositora para aglutinar a todas o a la mayoría de la fuerzas que se oponen al Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

Tal vez sería exagerado decir que en este momento la MUD corre riesgo de dividirse en dos o más toletes, pero es obvio, es indiscutible que hoy no es precisamente el momento de mayor coherencia. El diálogo político con el gobierno del presidente Nicolás Maduro se ha convertido en el factor desestabilizador de mayor riesgo para la coalición oposicionista.

La MUD tenía meses clamando por la participación del Vaticano como facilitador en el proceso de diálogo, dada la desconfianza o al menos la inconformidad de algunos de sus factores internos con la mediación o facilitación de los expresidente de José Luis Rodriguez Zapatero, Leonel Fernández, Martín Torrijos y el actual secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Leonel Fernández.

Una vez que se concreta esa participación de un enviado especial de Su Santidad el papa Francisco, el juego se le enreda a la unidad opositora. Unos, como,Voluntad Popular, prefieren no estar presentes en la mesa de diálogo. Otros, como Henri Falcón, gobernador del Estado Lara, llegan a la reunión sin ser convocados por el llamado Grupo de los Cuatro, compuesto, por Voluntad Popular, Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo.

Voluntad Popular es el extremo de los que no quieren sentarse hasta no ver señales suficientemente confiables como la libertad de los presos políticos y la disposición del gobierno a comprometerse en una salida electoral a corto plazo. Falcón representa a los factores que defienden el diálogo como alternativa necesaria y más viable. Es un factor no controlado por el cogollo de la MUD y se ha vuelto un elemento incómodo, dada sus diferencias con Primero Justicia, que se remontan a los tiempos de la primera campaña electoral de Henrique Capriles.

Ya en la segunda reunión de la plenaria del diálogo, afloraron las diferencias entre Falcón por una parte y Primero Justicia y Jesús Chuo Torrealba , por la otra, con respecto a la manera de tomar decisiones y conducir las negaciones con el gobierno. La presencia de Falcón fue aceptada a regañadientes pero se impuso la idea de que no se sentara en el mismo lugar del bloque opositor. Inicialmente fungió como invitado del secretario general de la Unasur, Ernesto Samper, pero luego se formalizó sin mayores problemas su representación como vocero de los gobernadores de la MUD. El gobierno, por su parte, designó a Tarek El Aissmi como vocero de los gobernadores psuvistas.

Este pequeño incidente muestra un poco el estado interno en la MUD, incluso entre los grupos que apoyan la participación en el diálogo. En el bloque opositor está fallando, según lo admiten algunos de sus dirigentes, el mecanismo de consulta interno para la toma de decisiones. No parece existir una instancia que permita que esto se lleve a cabo en el menor tiempo posible.

Por eso surgen tantos ruidos en el seno de la coalición. Y para colmo de males, han quedado en evidencia ciertas debilidades en la negociación de los términos en los cuales debe comunicarse los resultados de la plenaria de la mesa de diálogo.

En estos días el trabajo de los dirigentes de la MUD, a excepción de Voluntad Popular, ha sido intentar explicar claramente los alcances de los acuerdos del pasado fin de semana, luego de la despiadada andanada que han recibido a través de unas redes sociales donde los radicales no son mayoría pero sí se hacen sentir con mayor intensidad.

Ha resultado cuesta arriba explicar por qué el referendo revocatorio no aparece en los documentos suscritos conjuntamente, o por qué los diputados de Amazonas como ya acaban de solicitarlo, deben desincorporarse de sus cargos en la Asamblea Nacional, para que finalmente se repitan los elecciones de los parlamentarios en ese Estado.

O también resulta difícil para la MUD dar garantías de que habrá un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) en el cual el gobierno dejará de tener mayoría como, hasta ahora. Y por si fuera poco, al menos hasta este momento el gobierno no ha decidido liberación alguna de otro lote de presos políticos.

Buena parte de la falla de la MUD es básicamente comunicacional. Está enfrentando un severo problema de credibilidad que amenaza con profundizar la decepción en importantes sectores que sucumben ante la idea de que dialogar es entregar la lucha. A ello se le suma que no todos los partidos y dirigentes que asumen estar de acuerdo en sentarse a la mesa de diálogo defienden esa postura con claridad y decisión. Sigue privando el cálculo, el cuidar futuros escenarios políticos y electorales.

No obstante, a la larga prevalece en la oposición, al menos en la mayoría de los partidos integrantes de la MUD la convicción de que lo correcto es seguir en la mesa de diálogo. El diálogo está dando resultados directamente proporcionales a la capacidad de movilización de la MUD y a la coherencia y destreza de sus negociadores.

Mientras tanto, la presión de los radicales, para que se aborte este intento de diálogo, coincide con el deseo del gobierno de negociar con una oposición dividida, incoherente y debilitada, lo cual le permite ganar tiempo y tratar de imponer a la larga su deseo mayor: permanecer en el poder. Nadie sabe para quien trabaja.