03:19h. Viernes, 26 de Mayo de 2017

Una Venezuela apocalíptica me robó el sueño de continuar

Una-Venezuela-apocaliptica

Rompo en llanto solo de pensar todo lo que dejaría atrás, a mis padres, hermanos, amigos, mis costumbres y sí, mi clima, mis playas y mis montañas, pero….es irme o quedarme formando parte de las estadísticas, una víctima más de robo, una desnutrida más, un muerto más, una venezolana más

En países normales, a los pequeños se les enseña a tener objetivos realistas en la vida, a pensar en el futuro y luchar por la idea de tener un buen trabajo, una casa bonita, un carro y una familia.

En Venezuela para ser realistas, la mayoría de los padres, con suerte podrán prometer un espacio en sus casas para que sus hijos tengan un techo seguro.

La idea de un árbol familiar con abuelos, padres y hermanos juntos celebrando un cumpleaños (por ejemplo), parece disiparse.

Con la cantidad de personas buscando una luz al final del túnel y por el camino en el que vamos, Venezuela podría quedar como una de esas escenas pos-apocalípticas de películas en las que solo haymiseria, desesperación, enfermedades incurables (en este caso, solo por la escasez de medicamentos), con poca gente, y la mayoría famélica.

Pensándolo mejor,  no estamos lejos de esa realidad. Si nos fijamos bien, Venezuela ya es el escenario perfecto para uno de esos filmes de Hollywood; entre la basura tirada en las calles con perros y gente comiendo de ella, los huecos en carreteras y autopistas por años sin mantenimiento, personas saqueando establecimientos por desesperación, hospitales sin insumosrobos y asesinatos por eso de “la supervivencia del más fuerte” (como animales), y la idea de pensar en el cultivo de los alimentos en hogares y “creaciones” de nuestros propios productos de higiene por la poca o casi nula producción de los mismos, nos deja en un perfecto estado apocalíptico.

La verdad es que en este país no quedan muchas opciones, sobrevivir en esta miseria o huir en busca de un futuro al menos decente.

La idea de elegir una carrera que apasione o tan solo buscar alguna que te permita vivir como se supone que una persona normal debería hacerlo, es utópico en este país.

En mi vida he tenido muchas ideas locas, pero creo que la más loca de todas ha sido la de quedarme en este país con la ilusión de tener una vida “normal”, con una casa y un carro producto de mi trabajo, uno que me hiciera feliz y que me permitiera retribuirle a mi familia todo lo que ha hecho por mi, pero la verdad es que aquí nada de esto es posible.

En principio el pensar en estudiar artes o dedicarme a la educación parecía una idea hermosa y perfecta para el resto de mi vida, pero con lo difícil que es mantenerse en Venezuela y el poco ingreso que me traería, comentarle mis deseos a cualquier persona, ahora suena hasta absurdo.

Por otra parte, la idea de comenzar a construir mi propia familia se hace cada vez más lejana; actualmente lo único que tengo son deudas y preocupaciones (y eso que mis propiedades no van más allá de un celular y una computadora que comparto con los demás integrantes de mi hogar), y si a eso le llegara a añadir un bebé con la escasez, la inseguridad y la poca salud que ofrece este país, ¿en qué clase de persona me convertiría?.

Particularmente pienso que traer a un niño al mundo en estos momentos solo para cumplir el sueño de convertirme en madre, y sin importar mis limitaciones y las que me impone el país en el que vivo, es totalmente inaceptable y egoísta.

Las pocas opciones que me ha dejado este “socialismo del siglo XXI” ha destrozado mi pasado, mi presente y la posibilidad de un futuro en Venezuela.

Las limitaciones económicas me impidieron desde cosas tan simples como salir al cine con mis amigos durante mi época escolar, hasta hacer mi soñada fiesta de 15 años.

Este gobierno me ha arrancado de un día para otro a grandes amigos por la asquerosa inseguridad que vivimos. Robos, secuestros y hasta asesinatos han creado en mi un inevitable terror de salir a la calle; el problema es que ni siquiera quedándose en casa se está a salvo de las desgracias, porque inclusive se me han muerto familiares por mala praxis y falta de medicamentos.

De unos años para acá se hacen cotidianas las idas a entierros y lo peor de todo es que estas tragedias no solo me pasan a mi, no soy una en un millón, ni si quiera en cientos, no soy un caso especial, lo más triste es que soy solo una venezolana más.

Ante todos estos problemas la pregunta de muchos jóvenes se vuelve evidente y necesaria ¿me quedo o me voy?, no critico a quien se queda a luchar por una Venezuela mejor, pero soy ambiciosa y decidida, definitivamente para mi no es opción no luchar por mí y mis sueños.

Sin embargo, creo que nunca podré estar completa, rompo en llanto solo de pensar todo lo que dejaría atrás, a mis padres, mis hermanos, mis amigos, mis costumbres y sí, mi clima, mis playas y mis montañas, pero… es irme o quedarme a formar parte de las estadísticas, una víctima más de robo, una desnutrida más, un muerto más, una venezolana más sin futuro.

Venezuela se ha convertido en el país de las desilusiones y de los sueños imposibles, donde el único sueño de los jóvenes es irse a otro país dejando atrás a sus familiares y amigos.

Definitivamente, Venezuela es un país de corazones rotos, un país apocalíptico que me robó mis sueños.

Karina MartínKarina Martín

Karina Martín es reportera para el PanAm Post desde Valencia, Venezuela. Posee una licenciatura en Idiomas Modernos por la Universidad Arturo Michelena.

 

https://es.panampost.com/karina-martin/2017/03/15/venezuela-apocaliptica-robo-sueno-de-continuar/