20:05h. Viernes, 24 de Marzo de 2017

Edición 593: Que no se repita.

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Miguel Salazar

Editor en Las Verdades de Miguel

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Mi comentarios de la semana

Cuando estemos circulando mañana jueves 1 de septiembre de 2016, Dios mediante, el país debe estar movilizado por unos y otros. Cada quien a expresar su voluntad. El Gobierno no dejándose tumbar y la oposición buscando cerrar el ciclo iniciado el 7 de diciembre de 1998. Cada quien está en su derecho. Pero nadie está en el derecho de sacrificar a nadie ni obligar al pueblo a ser conducido como borrego.

En nuestra edición pasada informé acerca de los planes desestabilizadores auspiciados por quienes sólo ven en el atajo la manera más expedita de salir de los gobernantes actuales. Eso bastó y sobró para que se multiplicaran mis detractores con su interminable retahíla de insultos. A mí eso poco me importa. Ahora bien, en esta profesión (salvo los infaltables envidiosos, eternos menesterosos del periodismo), la rectitud se paga.

Me he propuesto desde siempre no escribir para el graderío; sin embargo, aquellos quienes en ese segmento quieran sentirse informados serán bienvenidos. No ha faltado quien asegure que soy portavoz del Gobierno y que recibo honorarios de éste. Todos saben que eso no es verdad. Ahora, si me preguntan si en esta hora crucial de la República apoyo a los terroristas infiltrados indistintamente en la política nacional, por supuesto que mi respuesta será negativa.

Me llaman chavista, siempre me han llamado así. Recuerdo que en mayo de 1999, estando enQuinto Día, en una crónica le pregunté a Chávez si le importaba saber por quién voté y yo mismo le respondí que lo hice como lo hizo un amplio contingente de venezolanos: voté contra los partidos. Aquella fue una posición muy personal que lamentablemente no supo ser respetada por los falsos demócratas. En aquel entonces voté por deslástranos no sólo de cuarenta años de denuestos y zancadillas, no, sufragué por encontrar salida a un laberinto en el que nos adentramos desde el mismo momento en que expiró Bolívar en Santa Marta.

Yo no voté por hombres, voté por un proyecto; me caso con las ideas por encima de los hombres que la simbolizan. Yo como persona (no como periodista porque siempre, aunque sé que es difícil, he evitado cruzar a ambos) aposté al gobierno de Chávez, nunca iba a hacerlo por aquellos que pretenden conformarse con lavarle el rostro a un modo de vida.

Todo esto lo traigo a colación a propósito de quienes insisten en identificarme con el Gobierno. Claro que como persona pueden mis simpatías estar bien alejadas de quienes se ufanan de libertarios sin serlo; sin embargo, puedo inclinar mi propensión particular al actual proceso, aunque tengo mis diferencias de fondo y más de una vez las he hecho saber. ¿Qué quieren que les diga que simpatizo con Voluntad Popular o con los adecos? No voy a complacerlos porque no busco que la canalla me aplauda.

No soy enemigo de la oposición (no son pocos los dirigentes de esta con quienes mantengo una relación cordial), pero no puedo armonizar con políticos desfachatados y trepadores, para quienes la política es una escalera y no un arquetipo de justicia social. Por ello, en esta oportunidad, como periodista y como ciudadano no podía dejar de alertar sobre los planes de la sedición conformada por los oportunistas y manipuladores.

Advertí acerca de los terroristas porque no quiero que se repitan los hechos del 11 de abril de 2002. Allí sí, en mi conducta ha de darse la aleación del hombre y el periodista, ¿saben por qué? porque me debo en cuerpo y alma a mi patria, y a ella defiendo. No quiero regresar al pasado así me reprochen y pisoteen para mí lo más sagrado como lo es mi condición de patriota. El 11A escuché el lamento de los heridos y el silbido de las balas. Ese día quisieron quemarme vivo a la salida de los estudios de Radio Venezuela. No quiero volverme a ver en la matanza del centro de Caracas. He sido testigo de la crueldad de quienes se escudan en la oposición para justificar sus fechorías. El 11A tuve a un policía opositor apuntándome con su ametralladora en la cabeza. ¿Por qué permitir otra tragedia que nos ensangriente?

Mi crónica pasada fue la verdad que quieren ocultar quienes apoyados por periodistas falaces y desdichados se autoproclaman demócratas. Alerté sobre una conjura miserable fundamentada en el meretricio moral de dirigentes que se venden impúdicamente ante el extranjero, inventando una paz con la que no comulgan. Allí está la elite eclesiástica, la misma que en el pasado bautizaba tanques de guerra rociándolos con agua bendita, asumiendo una falsa postura pacifista. Sabe de toda la componenda terrorista; sin embargo, se comporta como si no lo supiese y quiere hacernos creer que sólo el crucifijo la detiene.

Pase lo que pase, hoy debemos hacer un alto en el camino para que, caiga quien caiga, busquemos donde están los políticos sin honradez y sin discernimiento, sin conciencia y sin inteligencia. ¿Dónde están los eruditos sin honestidad y temple? Que esta experiencia resultante de hoy nos permita responder con claridad a las exigencias de la ciudadanía. Esa que ha sido relegada por siempre y es sólo tomada en cuenta para eventos electorales.

Yo no he inventado la palabra terrorismo como tampoco son mías las pruebas que me permitieron ensamblar el editorial que la semana pasada provocó la ira de las eminencias opositoras. Quisiera Dios que yo fuese capaz de mostrar las pruebas que algunos con tanta vehemencia reclaman. Parafraseando a Oriana Fallaci: Ojala pudiera yo ser capaz de demostrar que Troya está ardiendo por culpa de los colaboracionistas. Tenemos un sector opositor decadente, debilitado e incapaz que tiene la concebida ansia de barrer con el chavismo. Sépase que sin la existencia de la oposición exterminadora no habría nacido la tentativa socialista, que aunque naufragando dejará sembrada la semilla del hombre verdaderamente libertario.

Hoy esa rapiña de impostores se ha sentido descubierta y por eso me increpan a través de las mal llamadas redes sociales. Es larga la lista de lista de improperios y obscenidades proferidas desde el pasado viernes cuando Manuel Malaver (uno de los mendigos del periodismo) me tildó de loco. De inmediato Malaver se vio secundado por ese policía gusanero que es Casto OcandoAl Miguel, se le alborotaron las hormonas y se puso histérico. Miguel siempre ha abogado por el comunismo.Este gordito necesita no solo un psiquiatra sino un macho… qué imbecilidades que dispara en las teclas. Creo que por fin se ha decidido a salir del closet. Ese señor siempre ha sido chavista, no oculta su lado rojoAhora sí que la puso este Miguel, hasta hoy leo su columna. Después de muchos pero muchos años siendo su asidua lectora. Qué decepción. Este cara e’ tabla se fumó una lumpia. Steven Spielberg es un niño de pecho con la saga de éste comunista, oportunista, que ya ni los chavistas lo quieren, pobre loco trasnochadoQue tipo tan maligno. Nunca me equivoqué con él. Sigue siendo un chavista radical queriendo hacer ver que ha cambiado. Además tiene una mente maquiavélica digna de un psiquiatra. Qué te pasa Salazar. ¿No te alcanzan los reales? Clarito pues… vales muy poco. Ese gordito que se decidió a salir del closet, no vale ni siquiera una lata de excremento vacunoPor Dios una trama más intrincada que la de la novela El derecho de nacer. Qué imaginación no. Usted es un verdadero apátrida. Enchufado, seguro anda escoltado y blindado por la calle del medioEste señor siempre ha sido un lobo con piel de oveja. Miguel Salazar, ya es hora que te metas una sobre dosis de barbitúricos. ¿Cuánto te pagó el narco régimen por escribir tanta mierda? ¿Conocen algún hijo de puta de estos chavistas que no piense con el culo? Gordo chavista y poco objetivo, desde siempre es ficha del GobiernoYa cobró su cheque y está haciendo el trabajo encomendado, difamar, mentir y asustar. Pobre imbécil. Sabandija tu madre maldito resentido. Este caga tintas le echa leña para justificar que es un tarifado del colombiano. Tránsfuga y comunista trasnochado. Cochina mente incendiaria; es un enfermo mental, un sicótico. Es un ser abominable, da pena ajena y asco todo lo que escribe. Se le volaron los tapones o decidió quitarse la careta. Salazar se metió unas trufas mágicas rojas rojitas. Confieso que al releerlas me siento satisfecho que no me haya temblado el pulso al escribir mi anterior crónica editorial. Sólo la canalla fascista puede apoyar esa reacción de cretinismo endémico. Si en el supuesto negado que las manifestaciones de hoy se conviertan en una abusiva cadena de desaciertos, tengan por seguro que los desequilibrados con rebuscadas frases invocando a derribar una tiranía que por concepto sólo existe en los afiebrados, buscarán por todos los medios incendiar al país. No quiero tener la razón; me sentiré muy feliz de saber que estaba equivocado.